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Galería fotográfica del desastre en Japón. El día 11 de marzo, Japón quedo asolado por un terremoto y un tsunami, que ha originado hasta el momento miles de muertos y centenares de desaparecidos. El terremoto tuvo una magnitud de casi 9º en la Escala Richter.Fotograma que muestra al 'Discovery' tras desacoplarse de la ISS. | NASA.
Efe | Washington
El transbordador 'Discovery' soltó amarras, por última vez, de la Estación Espacial Internacional (ISS) después de una misión de ocho días y 16 horas, y comenzó a prepararse para su retorno definitivo a la Tierra, según ha informado la agencia espacial estadounidense.
La NASA indicó que la nave, con seis tripulantes a bordo, se separó de la ISS a las 12:00, hora peninsular española, cuando ambas se encontraban a 355 kilómetros de altura al nordeste de Nueva Guinea.
El comandante de la ISS, Scott Kelly, tocó la campana señalando la partida del transbordador y en un mensaje en Twitter dijo: "El 'Discovery' ha sido una embarcación grandiosa que ha apoyado la ISS más que cualquier otro transbordador". "Vientos de popa y mar sereno para la nave", añadió.
El piloto Eric Boe inició entonces una vuelta alrededor de la ISS durante la cual los tripulantes del transbordador tomaron imágenes de la estación internacional en su nueva configuración, que incluye un módulo permanente y un carril externo que el Discovery llevó hasta el complejo orbital.
Una vez completada esa vuelta alrededor de la ISS , el transbordador inició su propia pirueta de 360 grados durante la cual expuso, para la vista e inspección desde la estación orbital, su parte inferior y los bordes de las alas.
Esas áreas de la nave, que inició en agosto de 1984 un servicio que ha incluido 39 misiones, están cubiertas por paneles de protección térmica, y la inspección procura determinar si hay daños en esa "armadura" que protege al transbordador cuando irrumpe en la atmósfera y la fricción eleva la temperatura a más de 2.000 grados Celsius.
Una vez terminada satisfactoriamente esa inspección, el transbordador se alejará de la ISS aún más y pondrá rumbo a su regreso al Centro Espacial Kennedy, en el sur de Florida. Su llegada está prevista para el miércoles a las 17:58, hora peninsular española.
A lo largo de su historia el 'Discovery' ha recorrido más de 230 millones de kilómetros, ha pasado en órbita 352 días y ha orbitado la Tierra 5.628 veces a una velocidad de 28.000 kilómetros por hora.
La agencia espacial tenía previsto que la misión del 'Discovery' volviera a la Tierra hoy, sin embargo, con el nuevo programa el transbordador se iba a desacoplar esta mañana y regresará dos días después.
La NASA informó de que el día extra de la misión STS-133 es clave para terminar de desempaquetar y colocar las más de cinco toneladas de material y repuestos que transportó el 'Discovery' al Módulo Permanente Multiuso 'Leonardo' a la ISS.
El piloto Eric Boe y los especialistas Alvin Drew, Steve Bowen, Michael Barratt y Nicole Stott, junto con el comandante Steve Lindsey, forman la tripulación del Discovery.
Drew y Bowen han realizado dos caminatas espaciales en las que trasladaron un módulo con una pieza de bombeo estropeada a una plataforma de almacenamiento externa e instalaron varias cámaras en diferentes puntos de la estación, entre otras tareas de mantenimiento.
Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/07/ciencia/1299514542.html
Meteorito marciano en el que se documentó la presencia de restos de vida en 1996. | NASA
Miguel G. Corral | Madrid
En 1996, el investigador del Johnson Space Center de la NASA David McKay y su equipo sacudió la comunidad científica con el anuncio del hallazgo de trazas de vida en un meteorito procedente de Marte. La investigación se publicó en aquel entonces en la prestigiosa revista 'Science', lo que daba credibilidad al trabajo.
El anuncio provocó un amplio debate y un sinfín de nuevas investigaciones para comprobar los resultados obtenidos por McKay. Y finalmente el avance de nuevas técnicas y metodologías permitió averiguar que el meteorito había sido contaminado, al menos en parte, con vida terrestre. Aún así, el debate provocado hace ahora cinco años continúa abierto.
Esta semana, otro investigador de la NASA, en este caso Richard Hoover, ha agitado de nuevo la caja de los truenos con una investigación publicada en 'Journal of Cosmology' -una desconocida revista de dudosa calidad científica- en la que asegura haber detectado pequeñas bacterias fosilizadas en tres meteoritos, y mantiene que estas formas de vida microscópicas no proceden de la Tierra.
La propia NASA se ha desvinculado de este estudio y en un comunicado remitido a la agencia Efe asegura que no puede apoyar la investigación hasta que sea confirmada por otros científicos. "Si bien valoramos el libre intercambio de ideas, datos e información como parte de la investigación científica y técnica, la NASA no puede apoyar una afirmación científica a menos que haya sido revisada por sus colegas y profundamente examinada por otros expertos calificados", señala en el escrito el director científico del consejo de la misión científica de la agencia en Washington, Paul Hertz.
Según recoge la propia revista, el investigador estadounidense ha utilizado la más avanzada teclogía de micro escáner y ha fracturado el meteorito en láminas. Hoover y su equipo argumentan en su trabajo que hay restos de algunas especies de cianobacterias, unas formas de vida muy primitivas en la Tierra.
Pero 'Journal of Cosmology' no es 'Science' y muchos especialistas aseguran que la credibilidad del estudio no es la misma que si hubiese aparecido en otra de más prestigio. El estudio es tan controvertido, que el propio editor de la revista publica una declaración buscando opiniones de otros científicos. En la comunidad científica ya han surgido numerosas voces que aseguran que el descubrimiento está muy lejos de demostrar la presencia de vida extraterrestre.
Pero, al margen de la veracidad de los datos de Hoover, este tipo de investigaciones no son lineas de trabajo aisladas. Muchos grupos de investigación de todo el mundo trabajan en los institutos de Astrobiología con la posibilidad de que los meteoritos tuvieran un papel clave en el origen de la vida en la Tierra.
Una investigación publicada recientemente en 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS) documenta mediante el análisis de un meteorito hallado en la Antártida la posibilidad de un origen extraterrestre de los elementos que permitieron la vida terrestre, en concreto del ion amonio, un importante precursor de moléculas biológicas como los aminoácidos o el ADN.
En esa misma línea está la teoría de la Panspermia acuñada por el químico sueco Svante August Arrhenius. Según esta hipótesis, la vida está diseminada por el Universo y llegó en forma bacteriana unida a un meteorito que sirvió de simiente para que evolucionara hasta los organismos que habitan hoy el planeta.
Esta teoría, hoy llamada Litopanspermia, aún cuenta con una importante nómina de investigadores que la consideran posible y que trabajan para saber si la Tierra fue colonizada por formas de vida extraterrestres. La investigadora del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) Rosa de la Torre defiende que algunas formas de vida muy primitivas -como bacterias extremófilas, líquenes o cianobacterias- pudieron haber viajado desde un planeta hasta la Tierra a bordo de un meteorito.
"Nuestro grupo ha tenido un proyecto en la Estación Espacial Internacional (ISS) para exponer a las condiciones del espacio a algunos líquenes terrestres como el 'Rhizocarpon geograficum', obtenido en la Sierra de Gredos, o el 'Xanthorea elegans', que habita en Sierra Nevada", explica la investigadora experta en radiación ultravioleta sobre organismos vivos. "Estas dos especies sobrevivieron muy bien en esas condiciones de gravedad cero, radiación extrema y elevadísimas temperaturas".
Pero, que hayan soportado la exposición a las condiciones espaciales, no quiere decir que puedan sobrevivir a la entrada en la atmósfera terrestre en la superficie de un meteorito, por ejemplo. La teoría de la Litopanspermia tiene tres fases. La primera es la de escape del planeta originario tras el impacto de un gran asteroide contra su superficie, lo que liberaría pequeños cuerpos rocosos que viajarían por el espacio. El propio viaje es la segunda fase y la entrada es la última, y la más delicada.
«Atravesar la atmósfera es lo más peliagudo ya que las temperaturas que soporta la superficie del meteorito son extremas», asegura Rosa de la Torre. Para saber si los organismos extremos de la Tierra podrían soportar estas condiciones, el equipo del Departamento de Observación de la Tierra del INTA, al que pertenece De la Torre, ha formado parte de experimentos como la cápsula Foton, un satélite diseñado para simular una entrada en la atmósfera con diversos organismos en su superficie. Entre las dos misiones en las que han participado, incluyeron líquenes, cianobacterias, esporas y bacterias que viven en salinas. Pero no tuvieron suerte. No sobrevivió ningún organismo. La temperatura es elevadísima y provoca la fusión de la capa externa de los meteoritos.
Fuente: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/07/ciencia/1299514126.html
En enero de 1874, el naturalista inglés Charles Darwin asistió en Londres a una sesión espiritista junto al antropólogo Francis Galton y la novelista George Eliot, entre otros.
Charles Darwin.
Saltaron chispas, hubo golpes en las mesas y elevación de sillas, pero para entonces el autor de 'El origen de las Especies' se había ya marchado y calificaría luego la experiencia de "fatigosa", lo que explica que no quisiese volver a repetirla.
Once días más tarde, enviaría en su lugar a su hijo, George, y al biólogo Thomas Henry Huxley, que le informaron de que los 'médiums' habían recurrido a trucos, lo cual le llevó a escribir que lo ocurrido en aquellas sesiones no era otra cosa que "impostura".
Con esas escenas comienza el libro 'The Immortalization Commission', del filósofo y pensador político británico John Gray, conocido por obras traducidas como 'Perros de Paja' o 'La Misa Negra' en las que retrata a la humanidad como "una especie voraz" dedicada a borrar otras formas de vida del planeta.
En su nuevo libro (Allen Lane, Penguin Books), Gray señala la búsqueda por las élites de dos sociedades muy distintas, la victoriana y la bolchevique, de algún tipo de inmortalidad tras los descubrimientos de la ciencia que condenaban a la humanidad a la visión de una especie, la propia, destinada a la extinción.
"Ése era el mensaje del darwinismo (...) y como la mayoría había renunciado a la religión, recurrieron a la ciencia para escapar de ese mundo que la propia ciencia había revelado", escribe el autor.
Así surgió en la Inglaterra victoriana un movimiento resuelto a descubrir con ayuda de la ciencia las pruebas de que "la personalidad individual" no acaba con la muerte física sino que la sobrevive.
En enero de 1874, el naturalista inglés Charles Darwin asistió en Londres a una sesión espiritista. Calificó la experiencia de 'fatigosa'
En ese esfuerzo participaron destacados pensadores como el filósofo utilitarista Henry Sidgwick o el naturalista Alfred Russsel Wallace, pionero, junto a Darwin, de la teoría de la selección natural.
Entre ellos estaban también el político conservador y primer ministro británico (1902-1905) Arthur Balfour, uno de los presidentes de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, fundada en 1882 en Londres por el citado Sidgwick, William Henry Myers, inventor del concepto de 'telepatía', entre otros.
Sus miembros creían en la posibilidad de estudiar científica y objetivamente los fenómenos paranormales y la actividad de algunos de sus miembros llenó páginas y páginas de supuestas comunicaciones con los muertos en lo que se calificó de "correspondencias cruzadas", mensajes muchas veces incomprensibles, recibidos a través de médiums, sobre todo por la vía de la escritura automática.
Su locura condujo a la idea, llevada a la práctica, de concebir una especie de nuevo mesías, científicamente programado, mediante la unión extraconyugal de una médium, la sufragista y delegada británica de la Sociedad de Naciones Winifred Coombe-Tannant, y un político 'tory' (conservador), hermano de Arthur Balfour.
Lejos de cumplir la misión de liberar a la humanidad del caos que se le había encomendado, aquel 'mesías' trabajaría en el espionaje británico antes de convertirse a la fe católica y acabar sus días como monje.
De modo paralelo a lo que ocurría en la Inglaterra victoriana, en el otro extremo de Europa, la Rusia posrevolucionaria, muchos pensaban que la humanidad lograría un día vencer a la muerte gracias al poder, que creían infinito, de la ciencia.
En la Rusia posrevolucionaria, muchos pensaban que la humanidad lograría un día vencer a la muerte
En páginas de apasionante lectura, Gray cuenta los viajes a Rusia del novelista H.G. Wells para conocer a su colega Gorky y al líder revolucionario Lenin, y cómo allí se enamoró perdidamente de una rusa llamada Moura Budberg que había sido secretaria y amante de Gorky y de un diplomático británico, entre otros.
Wells, que comenzó un darwinista optimista, se vio obligado a aceptar, como escribe Gray, que la "minoría inteligente" en la que había depositado todas sus esperanzas no existía y la humanidad estaba abocada a la desaparición, sustituida tal vez por alguna otra especie como los insectos inmunes a las mortíferas epidemias humanas.
No pensaban así, sin embargo, los llamados "constructores de Dios", corriente de pensamiento de la nueva URSS, de la que formaron parte inicialmente tanto Gorki como el teórico Anatoli Lunacharsky, quien escribió que Dios no había nacido aún sino que "se está construyendo, Dios es la humanidad del futuro".
Otros, como el físico Konstantin Tsiolkovski, considerado como el pionero de la astronáutica soviética, creían que el camino hacia la inmortalidad pasaba por la exploración interplanetaria: "El progreso es eterno y no se puede dudar de la obtención de la inmortalidad", sostenía.
Todo esto ocurría, nos cuenta Gray, mientras en los laboratorios especiales creados por la Cheka se experimentaba con presos del Gulag venenos para su uso en la guerra biológica o morían millones de kulaks (agricultores rusos propietarios) en la colectivización forzada de la agricultura bajo Stalin.

Millones de años antes de que los hombres empezasen a pasearse por el planeta, un organismo que hoy llamamos biota Avalon habitaba la Tierra. Sus fósiles son normalmente considerados como los más antiguos de unorganismo multicelular complejo, pero un grupo internacional de investigadores ha localizado en China a unos pobladores similares aún más antiguos: la biota Lantian. La palabra 'biota' designa al conjunto de fauna y flora de una región.
Esta biota habitaba la Tierra hace entre 635 y 542 millones de años durante el período Ediacárico, tenían forma de tubo y de hoja, y su mera existencia es un pequeño 'milagro' si atendemos a las condiciones que nuestro planeta ofrecía por aquel entonces.
Científicos de la Academia China de Ciencia Virginia, del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia (EEUU) y la Universidad Northewst de Xi'an (China) han descubierto restos fósiles de unos organismos ediacáricos al sur de China, que podrían ser anteriores a la biota Avalon y que los expertos han bautizado como biota Lantian. El resultado de su estudio ha sido publicado en el número de la revista 'Nature' de esta semana.
Los investigadores han encontrado unos 3.000 fósiles de hasta 15 especies distintas entre capas de esquisto negro bajo el mar y creen que podría tratarse de los parientes lejanos de algas y gusanos actuales. Esos organismos vivieron hace casi 600 millones de años y, cuando se extinguieron, murieron y se acumularon en un gran estado de conservación. Lo curioso es que el lugar donde los científicos econtraron estos fósiles es poco adecuado para los organismos que necesitan oxígeno. ¿Por qué surgió pues esta forma de vida? La respuesta parece estar estrechamente ligada también a por qué desaparecieron.
Los responsables de esta investigación creen que la zona estudiada estuvo largo tiempo sin oxígeno, pero que de vez en cuando se dieron episodios propicios para el surgimiento de nuevas formas complejas de vida, que morían cuando el oxígeno desaparecía de nuevo. Los fósiles encontrados pertenecen pues a un período concreto en el que sí había oxígeno y las condiciones para la vida eran favorables.
Este estudio indica que la diversificación morfológica de organismos eucariontes macroscópicos -versiones primitivas de estructuras celulares complejas- podría haber tenido lugar decenas de millones de años después de la 'Tierra Bola de Nieve', que terminó hace 635 millones de años. La hipótesis 'Tierra Bola de Nieve' sostiene que nuestro planeta estuvo cubierto de hielo como consecuencia de una o varias glaciaciones.
Los investigadores afirman que los fósiles de biota Lantian presentan mayor diversidad de especies, y son más grandes y complejos que los de otros organismos conservados en rocas más antiguas. El esquisto donde los científicos encontraron los nuevos fósiles se formó poco después de última gran glaciación y sería 635 millones de años, cuando el hielo de los océanos desapareció cuando se produjo el pistoletazo de salida para la evolución de los eucariontes complejos.
